martes, 15 de abril de 2014

Atado a vos (2da part)

En el camino a casa leí su mensaje, ella quería verme esa noche, tristemente confirmé el encuentro. Pasé por un local de ropa de mujer y contemplé en la vidriera un hermoso vestido azul, pensé en que nunca le regalé nada, así que entré y lo compré, imaginaba en como se ajustaria a su cintura, simplemente lucía perfecta en mi mente.
Al llegar a casa me arreglé, me vestí bien y me senté a esperarla. Ella llegó, arreglada pero guardando ese estilo casual suyo.
-¿Por qué te vestiste tan bien? ¿Ibas a algún lado y mi visita interrumpió tus planes?. Preguntó muy segura de que así era.
-¿A caso no me puedo vestir bien para recibirte?. Le conteste sonriendo.
-No sé, no esperaba algo así de vos. Me dijo sorprendida.
-Yo se que nunca hago nada por vos, y vos siempre haces mucho por mi, así que debo de compensarte. Le dije sonriendo nuevamente.
-Gracias. Me dijo.
-Tengo algo para vos, Vení. La tome del brazo.

La llevé a mi habitación y señalé la caja donde estaba el hermoso vestido azul. Ella la abrió y se quedó boquiabierta.
-¿Es en serio? ¿Es para mi?. Preguntó un tanto emocionada.
-Si, pensé en vos cuando lo vi, es tu color preferido. Respondí.
-Es hermoso, me encanta. Decía, mientras se lo apoyaba sobre el cuerpo intentando imaginar como luciria puesto.
-Probatelo. Le sugerí sonriendo.

Ella se desvistió delante mio sin problemas, se fue poniendo el vestido delicadamente, y lucia como en mi cabeza, hermosa.

-¿Cómo me veo?. Me preguntó sonriendo.
-Hermosa-. Me acerqué a besarla dulcemente. - Sos la mujer más hermosa del mundo. Le dije mientras la miraba a los ojos, esos ojos tan grandes y brillantes.
-¿Por qué haces esto?. Me pregunto, como si llegara a pensar que lo hacía para obtener algún beneficio.
-Porque nunca te traté como lo que realmente sos, mi princesa. Respondí acariciando su delicada barbilla.

Ella me besó y me abrazó, conociendola sabía que por dentro se derritio, que era lo que ella quería escuchar hace tiempo, yo pocas veces le decía lo especial que era, lo hermosa que me parecía y lo mucho que la amaba.
La invité a cenar afuera, la pasamos genial, nos reímos, nos besamos, esa noche volvió de golpe todo el amor que mis problemas oprimieron.
Al llegar a casa inmediatamente nos enredamos en nuestros brazos, hicimos el amor como jamás lo habíamos hecho, desenfrenadamente, pero con mucha dulzura.
- Te amo, me haces el hombre más feliz del mundo, quiero, quiero todo con vos ¿me darías otra oportunidad?. Le pregunté mientras acariciaba su cintura
desnuda.
-No tengo ni que pensarlo, te amo más que a mi propia vida. Me contestó llorando.

Besé su frente y nos quedamos dormidos. A la mañana la desperté con el desayuno en la cama, la traté como realmente una mujer como ella merecía ser tratada, ya no recordaba bien todo lo del sueño, sólo se que quería que esto fuera para siempre.
Desayunamos juntos,  ella se marchó, con la más grande de las sonrisas en su rostro. Se fue a su trabajo, yo al mio, realmente pensé que iba a estar a salvo.
Pasó el resto del día, y volví y ella ya no estaba trabajando, pensé que tal vez salió antes, la llamé pero no contestó, tal vez estaba cansada por la noche que pasamos.
Pasaron los días y no había señales de ella, no me atendía, nada de nada, me estaba asustado, así que decidí ir a su trabajo a consultar por ella.
- Sufrió un accidente, al parecer el taxi que pidió fue embestido por un camión, estuvo un par de días en un hospital, en condiciones graves, hasta que anoche finalmente ella murió, todos estamos muy tristes, era una chica tan buena, lo siento mucho. Fueron las palabras del dueño del bar.

Con esas palabras me retiré, cabizbajo, shockeado. Volví a mi casa y me senté a meditar sobre todo lo que habíamos vivido juntos, sobre la persona perfecta que tuve y nunca valoré , y el último día que la vi la traté como tuve que tratarla durante todo este tiempo. Me sentía horrible, no pude valorar nada, y cuantas veces habrá llorado por mi culpa...
Tal vez nadie me amó como ella porque no merecía ese amor, cuando lo tuve lo desprecié, la rechacé y se lo hice tener muy claro, con mi deseo de que comprendiera totalmente que la quería lejos, y ahora, yo moriría por volver a tenerla entre mis brazos...  Mejor dicho, morí por tenerla de nuevo en mis brazos... 

Atado a vos.

Era un día como cualquier otro, ella había dejado otro mensaje. A veces no tenía ganas de escucharlos, me resultaba muy pesada su preocupación.
Esta joven de la que hablo fue el amor de mi vida, pero como el destino es cruel, y aveces el hombre también lo es, nos privé de nuestro amor.
Ella era la persona más dulce del mundo, hasta el punto de no darme ni tiempo a respirar en los cortos intervalos entre un beso y otro. Ella siempre pensaba en mi, hasta el último detalle, me cuidaba y soporta mis malos tratos cuando traía problemas totalmente ajenos a ella. Ella hacia lo que sea con tal de verme feliz, y cuando yo me enojaba por alguna tontería, bajaba su cabeza, en un gesto tierno de arrepentimiento, y decía: "perdón, no te enojes conmigo, por favor".Ella era, simplemente, alguien fuera de este mundo.
Se preguntarán porque la dejé ir, muchos me llamaran idiota, y si, fui el idiota más grande de la historia.
Nuestro amor surgió un día de otoño, lo recuerdo porque era su estación favorita, yo ya la conocía, siempre me había parecido una mujer preciosa, pero estaba estancado en amores no correspondidos y no me tomaba el tiempo de admirarla un poco. Ese día la había invitado a caminar conmigo, mi decisión habia surgido luego de cruzar palabras un día en su trabajo, ella era camarera en el bar situado en frente de mi casa, yo había pedido un café y al notar una leve, pero hermosa expresión de alegría en ella me atreví a preguntarle su nombre y así tuvimos una larga conversación, note que nuestros gustos eran casi idénticos, y así decidí verla otra vez. Aveces no recuerdo del todo bien ese día, ella siempre lo relataba a la perfección, pero luego de eso, mi cabeza no podía pensar en nada que no sea ella, y mi corazón latía tan rápido como el de un ratón. Puedo decir que me enamore en nuestra primera cita, y desde ese momento mi amarga expresión se convertía en una sonrisa al invocarla en mis pensamientos.
El tiempo siguió pasando, las salidas junto a ella cada vez me agradaban más y más, ya no sólo sentía afecto por esa chica, sino que había empezado a amarla, la amaba, más que a mi mismo. 
Una noche de lluvia volvimos corriendo hasta mi casa, la invite a pasar y a secarse un poco. Se había sacado su blusa y se había sentado en el borde de mi cama. No pude evitar resistirme, me acerque y le di un beso en sus suaves y rosados labios, el mundo comenzó a desaparecer de a poco, los problemas se desintegraron, esa noche hicimos el amor. Tuve sexo varias veces, pero nada de amor, ella me hacía sentir vivo, sentír que la sangre fluía, cálida, por cada parte de mi cuerpo. Esa noche le pregunté si quería ser mi novia, ella aceptó con lágrimas en los ojos y me hizo el hombre más feliz del mundo.
El tiempo pasó, y me vida, como la de cualquier ser humano, se tornó algo más complicada, tenía problemas en el trabajo y eso comenzó a nublar mi cabeza, comencé a dejarla de lado y a hacerle notar un leve desprecio de mi parte. Su vida no había sido nada fácil, la mía tampoco, pero yo era todo lo que tenía, y yo, bueno, tenía mis amigos, mi familia y a ella, que aunque comenzó siendo mi mundo, de a poco dejé que mis conflictos ocuparan su lugar. Sus gestos dulces y su atención comenzaron a parecerme pesados y molestos, me encontraba fastidiado por todo, ella me decía que me amaba y yo no contestaba, sabía que eso la haría ponerse melosa y ya no tenía ganas de ser su poeta, sólo quería dormir.
Comenzó a notar mi falta de amor de a poco, y yo notaba que al llegar a casa ella me esperaba con ojos tristes y una sonrisa un tanto extraña, como de quien llora y oculta sus emociones para liberar a su entorno de preocupaciones. Esa noche me senté a hablar con ella, le dije que ya no sentía lo mismo que en un principio, y ya llevábamos un año juntos, podría ser que esa llama se hubiera apagado, yo no era lo suficientemente cariñoso, ella era amorosa por los dos. Le dije que quería terminar, yo no podía concentrarme en otra persona con todos los problemas que tenía en ese momento. Comenzó a llorar, pero de una forma silenciosa, con su cabeza baja, apartándome de su mirada, sabía que había roto su corazón, y en ese momento me sentí el ser más cruel del mundo, porque yo había querido comenzar todo con ella, yo la impulsé a amarme, y ahora la abandonaba, la dejaba sola, soltaba su mano y la dejaba caer al vacío de su triste y solitaria vida, yo era su mundo, y lo sabía perfectamente. No podía reaccionar de una forma cálida, porque aunque me dolía la quería lejos de mi, no quería ver su llanto, me lastimaba, le dije que bloquearía su número para que no me llamara más, que perdiera contacto conmigo, que sólo así se olvidaría rápido de mí. Se fue, y ese día no lo tenía muy presente, pero cometí el error más grande de mi vida, eché a la persona que más amor me había dado en mi vida, la que me amaba a pesar de haberla tratado tan fríamente, eché de mi vida a la única mujer de verdad que tuve.
Los días se volvieron grises, no me acostumbraba mucho a no tenerla, la observaba aveces por la ventana, servía café, llevaba comida, no se movía con la misma gracia de siempre, pero tenía fe de que en un momento ella se curaría y conseguiría un hombre que la ame como lo merecía, y no un idiota generador de ilusiones como yo.
Pasaron meses, conocí a otras chica con intenciones de volver a tener algo parecido, pero nada, por más que lo intentara nadie era como ella. Así que un día me rendí, decidí humillarme, volví de mi trabajo y esperé hasta la hora de su descanso, ella iba al parque y se sentaba a comer algo siempre. Me dirigí allí, y la vi, de espaldas, no estaba comiendo, solo estaba sentada, sus hombros se levantaron y se bajaron en un fuerte suspiro de tristeza, estaba sentada en el lugar de nuestra primera cita.
Me acerqué y me sente a su lado.

-Otoño de nuevo. Dije, mirándola nuevamente e intentando sacarle una sonrisa.
-Es la estación en la que todo va muriendo lentamente. Contestó, sin siquiera intentar mirarme.
-¿Cómo estás?. Le pregunté ya con un aire más serio.
-No lo sé, bien supongo. Dijo nuevamente sin mirarme.
-Si no querés hablarme lo entiendo, me comporté de una manera horrible y seria natural que me odies. Le dije por primera vez bajando mi cabeza ante ella.
-Yo no te odio, no podría odiarte jamás, me odio a mi misma por enamorarme. Me contestó apenas dándose vuelta para mirarme un poco. Su mirada ya no era la misma, era dolorosa y lastimaba, y su hermosa sonrisa había desaparecido, ya su cara no era expresiva, parecía muerta por dentro,
-Te extraño. Le dije, sencillamente.
-Yo a vos. Me dijo, y seguidamente me dio un abrazo.
-Quiero que nos volvamos a ver, aunque no quiero ponerme en algo serio de nuevo, te extraño tanto. Le dije, siendo sincero.
-De acuerdo, no se, tal vez nos haga peor, pero también te extraño. Me dijo en un tono algo triste.

Nos abrazamos y así quedaron las cosas. Al principio era algo fría y más distante conmigo, pero luego cambio, venía a casa, hacíamos el amor, eso la ablando nuevamente, hasta el punto de ponerla igual o más dulce de lo que era, pero algo hacia que yo quisiera seguir marcando una distancia.
Y me encontré dónde comencé a relatarles esto, con un mensaje de ella y yo nuevamente lleno de miedos, porque en el fondo sabía que la amaba, pero tenía miedo de volver a ilusionarla y arruinarla. Ella esperaba volver a ser lo que éramos antes, y tal vez mi único remedio era terminar de destruirla, luego de enamorarla, abandonarla y volver a buscarla. No había duda de que ella realmente me amaba para soportar todo.
Un día decidí aclarar todo nuevamente, decirle que no esperara nada de mi, no podía prometerle un futuro, porque no iba a haber un futuro para nosotros, si, podíamos pasarla muy bien, pero sólo eso. Su rostro nuevamente con una expresión de decepción asintió, estaba de acuerdo, pero no era lo que quería.
Nuevamente pasó el tiempo, nos acostumbramos a nosotros.
Una noche tuve un sueño, desperté algo perturbado, en mi sueño me quedaba sólo, algo le sucedía a ella, y tenía miedo de que más que un sueño sea una premonición, a veces tenía premoniciones así, de ese tipo.
Fui con una vieja amiga de mi madre, ella estaba metida en el campo de los videntes, nunca le presté atención, no sabía porque lo hacía, sólo tenía miedo.

-Tanto tiempo querido, que grande estás, sos todo un hombre. Me dijo, mirándome de pies a cabeza.
-Si, un hombre algo conflictivo, pero hombre en fin. La dije esbozando una sonrisa forzada.
-¿En qué puedo ayudarte corazón?. Me preguntó dulcemente.
-Sé que siempre tuviste como un don, con eso de los espíritus y sobre tener  visiones del futuro, tuve un sueño que me trajo preocupación y quería que me ayudaras a ver si es una premonición o sólo un sueño.
- ¿Qué fue lo que soñaste?. Preguntó.
-Que la chica que yo, bueno, la chica con la que estoy moría en un accidente justo después de venir a verme. Le conteste un tanto intimidado por mi preocupación.
-Si tenés algo de ella acá damelo. Me ordenó con una voz ya seria y profesional.
-Tengo un collar que ella olvido en casa, se lo sacó para ducharse, creo que es algo muy personal porque desde que la conozco nunca la vi sin él. Le dije extendiendo mi mano para darle el collar. - Mmm si, puedo ver algo, me veo al espejo y soy una chica. Dijo cerrando los ojos y sujetando fuerte el collar entre sus ya viejas y pálidas manos.
-¿La ves?. Pregunte levantandome sobresaltado
-Soy ella, y me estoy despidiendo de vos y..  -. Se quedó callada. - Ya no veo nada, esta todo oscuro.
-Pe pe ¿eso que significa?. Interrogué preocupado.
-Que puede ser una premonición o tal vez no, no lo sé querido, lo siento mucho. Dijo, compadeciendome.
-¿Y que hago ahora?. Dije, decepcionado. - La próxima vez que la veas, hacela muy feliz, mucho. Me aconsejo tomándome de la mano.
-Gracias, muchas gracias, tengo que irme. Me despedí e inmediatamente me fui.

Presentación.

Mi nombre es Fher, arme este blog con el fin de poder expresar, a través de él, mis pensamientos, ideas, sentimientos y demás emociones.
Cada cosa que usted, querido lector, lea, es obra de mi imaginación, y estoy muy gustosa de compartilo.
Soy una chica soñadora, fría por fuera pero empalagosa por dentro.
Esto sólo fue una simple presentación, gracias por leerme.

Fher..